martes, 26 de julio de 2011

DETRÁS DEL CERCO (relato)

"El que siembra en tierra ajena, hasta la semilla pierde"
Dicho popular.


Es muy poco lo que usted tiene que hacer. De veras! No es sino desperezarse a esa hora de la madrugada en que la claridad un tanto azulada y otro tanto plomiza permite a los objetos mostrar sus verdaderas dimensiones.A esa hora, un gato es un gato y no un promontorio de minucias apiladas sobre el borde de un andén.

Ahora, si por cualquier motivo prefirió ir a bostezar bajo el umbral que da sobre la carretera asfaltada y ha levantado la vista sobre aquellos cañahuates que siempre esperan puntuales los últimos meses del año para teñir de un amarillo reluciente su frondosidad, es muy probable que en poco mas de un instante quede embelesado al comprobar que su mirada se ha posado sobre el fulgor rojizo que envuelve las crestas de una serranía remota y de picos azulados. Y hasta pensará que es el único en espiar aquel momento en el el cual el sol hiere aquellas crestas invictas y solitarias.
Pero tampoco es el ladrido de los perros cuando ven pasar los primeros parceleros sobre sus burros, todavía somnolientos, hurgando mecánicamente los garabatos y gritando :"Arre burro". Ni el canto desmedido y un poco revanchista de los primeros gallos que atisban la llegada de la aurora a través de sus crestas avizoras y sanguinolentas.

Nada de eso! El momento álgido y puro que le hace desechar toda esa covacha de pensamientos remolones, lo siente llegar a veces de manera estrepitosa, mezclado en medio los ronquidos del tractor que a esa hora llega a buscar hombres y niños prestos a recolectar algodón.
Muchas veces usted espera echado sobre el taburete; observando a su mujer arreglarse los cabellos en un moño mientras sopla con una lámina de cartón los trozos de laña que arden debajo de la olla donde empieza a burbujear el café. Sí, ni siquiera ha alcanzado a mojarse los labios cuando escucha los pitos de la vocina anunciando la salida.

-Toma, espera a que se asiente. Dirá ella con voz muy cariñosa mientras le alarga la totumita todavía humeante.
    
-No mija, me dejan. No conoces a ese puñetero jefe de cuadrilla.

Así es como siempre ha funcionado la cosa desde hace muchos años; cuando Maguey era un apacible caserío rodeado por extensas ciénagas y besado por el recodo de un rió descarriado y turbulento que rehusó seguir su viejo cauce. A medida que se fugaban los años, fue tornándose decrépito y moribundo; y las ciénagas terminaron solidificando su sedimentación, convirtiéndose en tierras ricas y promisorias en toda su extensión; mostrando su inocultable altanería cuando llega el verano, pero lozanas y coquetas al presentir los chirridos del rastrillo hurgando sus entrañas.

Fue en otros tiempos cuando perdieron su virginidad; extendieron grandes cercados con alambres de púas y construyeron sobre un gran promontorio la empinada casa de adobes con su terraza de madera. A un costado, del otro lado de la gigantesca bodega de almacenamiento, la infinita sementera que con el tiempo, año tras año, ha dado cabida al simétrico sembrado de algodones.
Y ahora, lejos de toda reminiscencia, no tiene mas remedio que dejarse llevar por este vagón que ha resuelto alejarse de la carretera asfaltada para tomar el estrecho desfiladero de arcillas donde usted se bambolea de un lado a otro escuchando el canto matinal de los azulejos.
Sólo observa a lo lejos, con el rostro medio abotagado, las densas nubes de polvo que se han ido levantando ante el mero rugido de la maquina para desaparecer al final de cada recodo. Algo puede afirmarse, claro está, sin que sea motejado como los efluvios de una imaginación enfermiza, o el punto crítico de un estado de hipersensibilidad: pero desde lejos, usted puede ser observado como un prisionero mas que es conducido a uno de esos casos de exterminio que existieron durante la Segunda Guerra Mundial. Lo único que le faltaría a su fatídico vagón, sería la nutrida escolta de sidecares custodiando el tránsito hacia la muerte. 
Pero no es eso lo que usted espera. Recuperado el equilibrio y un poco entumecido el cuerpo, podrá observar con mas sosiego que no existe ningún oficial de las SS a la vista; pues todo fue una mera ilusión óptica. Hasta se alegrará un poco al comprobar, por los ronquidos que emite la máquina, que en adelante comenzarán a ascender la pendiente de piedras chinas y cantos rodados sin tener que privarse de la agradable sensación de sentirlos rebotar debajo de los neumáticos. "Una legua más y llegamos", pensará en ese instante.

Ahora podrá cruzar un saludo con los otros recolectores que han venido del otro lado del rió con la esperanza de destripar el mayor numero de matas hasta la hora en que asome el crepúsculo. Recordará con impecable lucidez la historia de aquellos buenos años, cuando niño aún, ayudaba a su padre a alzarse con un botín de ciento cincuenta kilos diarios y una propina como campeón entre los recolectores.
Pensará no sin cierta nostalgia, en aquellos atardeceres de brisas fugitivas y su memoria dejará aflorar aquella escena digna de un cuadro de lujo; dejando al descubierto ante los ojos de los demás, la torva caravana de mulas cargadas de lonas, ascendiendo desde el aquel bajo a través de una suave pendiente bordeada de pastos y barrancos de viejas ceibas que sucumbieron al adelanto de los nuevos tiempos.
Sólo tú y tu padre esperaban sentados en la pequeña terraza a las bestias que traían lo que habían logrado recoger durante la buena mañana. Recuerdas aquel momento en que el capataz peludo y sanguíneo llamaba a tu padre para que colocará las lonas sobre la báscula. Ahí experimentabas ese júbilo incomprendido cuando aquel viejo de ademanes torpes y odiosos gritaba; "ciento cincuenta kilos", y retiraba las contrapesas mientras tu padre te decía en tono jadeante debido al cansancio: "hoy salvamos las comidas y los cigarrillos, hijito".

"Ah sí!", suspirará ahora, "aquellos buenos tiempos". Pero ahora todo ha cambiado", pensará con un poco de desazón e incertidumbre mientras trata de agarrarse de un listón del vagón porque el tractor ha tropezado contra un barranco. De nuevo pensará que el trayecto es interminable o que el tractorista decidió avanzar mas despacio porque notó que salió mas temprano que los otros días; entonces su impaciencia se verá acrecentada al observar que todavía no han cruzado el puente de la cañada. Pero eso no importa. No es sino decir: "¿quién me da un cigarrillo?", y al instante tendrá una mano ofreciéndole la cajetilla, y otra mano iluminándole el rostro con la cerilla encendida. Son gentes buenas, inmunes a los obscuros  síntomas que surgen a borbotones en tiempos tan apocalípticos. Cuando usted decida involucrarse en sus interminables conversaciones, escuchará historias muy interesantes que siempre suceden en otros pueblos de la rivera.

Escuchará historias sobre bogas borrachos y pendencieros que casi siempre se pelean por mujerzuelas que merodean los bares de la albarrada. Pero tiene que aguzar muy bien el oído y el espíritu , pues casi siempre hablan de encantos que se aparecen por las noches, metamorfoseados en hermosas mujeres de cabellos de oro, navegando sobre barcas y silbando notas melifluas para atraer y desaparecer en las profundidades a los pescadores incautos.
Todo esto le alegrará un poco, hasta reirá solo sin tener que pensar que está perdiendo la razón ni nada por el estilo. Sólo que ha quedado deslumbrado bajo el peso hipnotizador de aquellas palabras, observando con cierto desdén como se desvanecen las espirales de humo de su cigarro.
Ni siquiera se ha fijado que la poderosa puerta de barrotes de hierro ha empezado a abrirse para darle paso al tractor con su vagón y mostrarle mas allá del pequeño llano, un enorme caney que sirve de posada a otros jornaleros que hormiguean alrededor de unos silos que amenazan con besar a un cielo limpio y diáfano.

Ahora, como en años anteriores, usted ha descendido del vagón para quedar frente a un capataz mucho más viejo que se dispone a registrar su nombre en la planilla de recolectores y entregarle algunas lonas para verlo morir un poco dentro de aquella blancura que siempre empieza por adormecerle la yema de los dedos y encorvarle el espinazo.
 Este relato pertenece al libro inédito "En torno a una rara espera"
 

viernes, 22 de julio de 2011

NAUFRAGIO (texto Breve)

Al vaivén de la horrible tormenta y el oleaje bravío, el capitán ordena detener las máquinas y alistar los salvavidas. La tripulación corre de un lado a otro al compás de las ordenes  y una que otra plegaria para que evite lo que ya parece inevitable.

Nunca pasó por sus mentes que ese mar de rara mansedumbre y al que ya empezaban a amar, les hiciera esta mala jugada.
Ahora, el otrora zorro marino, aferrado al timón de mando y presa de extrañas alucinaciones, hace caso omiso de los desesperados llamados de los suyos para que ponga su vida a salvo. Solicita al maquinista  papel y lápiz y estampa este poema:

"Ímpetu borrascoso de infinitud maldita.
Gime la frágil barcaza en las fauces de crestas perversas.
¡Oh mar, tú que tan bien escondes tus diabólicos arrebatos, rumias ignotas penas y alguna descomunal neurosis coralina.
Muere en ti el loco sueño y la alegría viendo tantos náufragos a la deriva.

Oh mar!, desengaño de poetas en su simulación. Ya no tendrás cantores.
Sólo los deudos te miran de reojo y huyen.

Manuel Donado Solano

jueves, 21 de julio de 2011

DIFICULTADES Y VICISITUDES DEL (DIH) EN MEDIO DEL PELIGROSO CAMPO MINADO Y LAS EMBOSCADAS PROPIAS DE LA RACIONALIDAD ESTRATÉGICA E INSTRUMENTAL DE LOS ACTORES DEL CONFLICTO INTERNO

Ante el actual escalonamiento de acciones violentas a que recurren constantemente y sistematicamente los actores involucrados en el conflicto armado interno que desde hace varias décadas padece nuestro martirizado país, se erige como un imperativo de obligado cumplimiento, el respeto y la aplicación efectiva de los mandatos y normas de carácter humanitario, contemplados organicamente en el Derecho Internacional Humanitario(DIH), como un referente ético y jurídico que debe acatarse sin reservas ni a la espera de contraprestación alguna por el enemigo.
En este sentido, para tener na mayor claridad, se hace necesario que entremos a definir al DIH como ese conjunto de normas consuetudinarias y convencionales que, con el fin de solucionar los problemas humanitarios generados por las hostilidades, se aplican a los conflictos internacionales e internos. Tales normas limitan los métodos y medios de guerra utilizados por las partes contendientes y otorgan protección a las personas y los bienes que esos conflictos afectan o pueden afectar.
De acuerdo con lo anterior, el objetivo que se propone el (DIH) no es proscribir el uso de la fuerza armada en las confrontaciones, sino mitigar los sufrimientos ocasionados por la guerra y hacerla menos inhumana.

En este aspecto podríamos puntualizar que el DIH recogiendo los usos y costumbres de la guerra desde tiempos inmemoriales, fue positivizado en varios tratados internacionales que, por una parte, limitan los métodos y medios para hacer la guerra, que es lo que se conoce como Derecho de la Haya. Por otra, establece el deber de respetar el  principio de distinción entre los que toman las armas y los que se mantienen al margen, esto es, lo que se conoce como Derecho de Ginebra.
El Derecho de la Haya regula la conducción de las hostilidades y fija limites a los combatientes para lo cual se apoya en los catorce convenios que contemplan el uso de las armas convencionales, químicas, bacteriológicas, nucleares así como la protección de las bienes culturales.
El Derecho de ginebra prescribe a los combatientes las conductas que deben adoptar para hacer efectiva la protección otorgada a las personas y los bienes identificados en los cuatro convenios y el protocolo sobre los conflictos armados internacionales y el protocolo sobre los conflictos armados internos.

En lo que tiene que ver con la situación del conflicto armado en nuestro país, cobran especial importancia, las disposiciones del articulo 3º común a los cuatro convenios de Ginebra, relativo a la protección de las victimas de los conflictos armados internos, entre quienes se encuentran: los integrantes de la población civil, los miembros del personal sanitario y religioso de las fuerzas armadas; los contendientes que hayan depuesto las armas y quienes hayan quedado fuera de combate por cualquier causa.
Es importante no pasar por alto que el articulo 3 arriba mencionado, prohíbe acciones como el atentado contra la vida y la integridad corporal (las mutilaciones, los tratos crueles, la tortura), la toma de rehenes, los atentados contra la dignidad personal (tratos humillantes y degradantes) así como las condenas ilegales y las ejecuciones arbitrarias.

Entonces, resulta evidente que el Derecho entre a regular la guerra. Ahora, aquí luchan dos realidades: "la del "ser" de la violencia que es la guerra, y la del "deber ser" de lo normativo, que es el Derecho. En otros términos, en el plano jurídico de la guerra luchan dos principios; el de la necesidad de dañar al enemigo y el de los limites de esta violencia, para evitar daños inútiles" (Fernández Flórez José Luis, Del Derecho de la guerra. Pag, 47 Ediciones Ejercito. Madrid)

Ante la espiral de violencia y barbarie desatada por los actores del conflicto político armado interno, podemos observar que "como reacción a los graves efectos producidos por la violencia, ha surgido un saludable interés por el Derecho Internacional Humanitario; hecho que resulta bien importante en la medida que obliga a reforzar las exigencias de cumplimiento de sus preceptos y posibilita relacionar su tratamiento con la búsqueda de la paz por la vía del entendimiento político" (Villarraga Alvaro; A proposito de los acuerdos humanitarios: compromisos minimos a considerar", en  Gonzalez Posso Camilo compilador; Frente al horror, acuerdos humanitarios, Pag 43. Redepaz)

En todo este proceso no hay que pasar por alto el hecho de que en la búsqueda de una real y efectiva aplicación de la regulación humanitaria de la guerra como una aspiración consuetudinaria de la humanidad para hacer prevalecer el respeto de la dignidad humana de los actores involucrados en el conflicto político armado interno así como de los civiles ajenos a la confrontación armada, esta se halla sitiada por toda clase de vicisitudes y dificultades debido al predominio de una racionalidad instrumental-pragmática que impide conciliar los intereses  estratégicos de los bandos en conflicto con las necesidades y los imperativos humanitarios.

Otro aspecto de peculiar relevancia a tener en cuenta por su incidencia problémica en la aplicación del DIH con el fin de evitar el actual estado de degradación y los actos de sevicia a los que se recurre sistematicamente como medios expeditos en la conducción de las hostilidades, lo constituye sin lugar a dudas el precedente histórico que ha marcado entre los actores del conflicto armado, la mutua satanización que ha dado lugar a un rico y amplio historial de agresiones y vejámenes entre los bandos y de estos contra la población civil ajena al conflicto armado interno.
Desde todo punto de vista, es innegable que en todo esto han contribuido los principios políticos e ideológicos que guían o sustentan la praxis de los actores de la guerra. Es así como para el Estado, "esas dificultades consisten, fundamentalmente, en obstáculos de percepción, porque arribar a un acuerdo humanitario con los grupos irregulares, especialmente con la guerrilla, demanda un cambio de perspectiva, de mentalidad que exige darle al adversario un tratamiento distinto del que se le da a un criminal. Implica aceptar de alguna manera su legitimidad como interlocutor, de reconocerle explicita o implícitamente al contendiente un estatus del que pueden derivar ventajas políticas" (De Roux Carlos Vicente; "Los Derechos humanos, el Derecho Internacional Humanitario y la paz en Colombia hoy", en Gonzalez P Camilo. Op. Cit. Pag. 146-47)

Ahora bien, las reservas y resquemores que por tantos años asaltaron a los diferentes gobiernos de turno y a sus respectivas cúpulas militares al momento de reconocer un estatus político que legitimara como fuerzas beligerantes a quienes consideraban como sus tradicionales y encarnizados enemigos, dejaba a estos últimos por fuera de todo trato de acuerdo a las normas humanitarias y las relativas a la conducción de las hostilidades. Pero lo que adquiere gran trascendencia es que "sólo a partir de los convenios de Ginebra de 1949 -que reglamenta desde el Derecho Internacional los conflictos domésticos-  se introdujo un cambio fundamental en esta figura al estipular que la aplicación del Derecho de Ginebra en modo alguno afecta el estatus jurídico de las partes en conflicto. Esta modificación revolucionaria introducida en 1949 condujo a que la figura de la beligerancia cayera en desuso"  (IEPRI;CIRC; UN: Conflicto armado y Derecho humanitario Pag. 115. T:M Editores
Lo anterior, teniendo en cuenta que el compromiso o adherencia del Estado al protocolo II adicional a los convenios de Ginebra para humanizar los conflictos de carácter domestico, "es valido no solamente para el gobierno sino para los particulares que se encuentren en el territorio nacional, incluidos los rebeldes e insurrectos, que están sujetos de este modo a ciertas obligaciones" (Ibidem, Pag. 114)

Ahora bien, en nuestro país, los obstáculos que han impedido el acatamiento por parte de los actores del conflicto armado interno del DIH, desde las perspectivas de los grupos guerrilleros, sus militantes, continúa De Roux,  "tienden a hacer una lectura mesiánica de sí mismos, como encarnación de las ansias más justas e inaplazables del pueblo; a caer en el guerreramente, en la exaltación de la acción audaz y agresiva, a hacerse insensible a los padecimientos sufridos por las personas atrapadas en el conflicto porque serían el precio de la implantación de los paraísos sociales futuros"  Y finaliza con este incontrovertible diagnostico:  "al combatiente guerrillero  -como al militar, dicho sea de paso-  difícilmente le cabe en la cabeza la idea de que pueda ser sometido a controles o castigos en relación con acciones emprendidas para servir a la causa, así tengan por consecuencias muertes y mutilaciones que hubieran podido evitarse, o produzcan otros padecimientos inocuos e injustificados" (De Roux Op. Cit. Pag. 154)

Como ya lo hemos anotado, en nuestro país, si bien es cierto que la humanización de la guerra cuenta con grandes escollos como producto, algunas veces, de la primacía de una marcada racionalidad estratégico-pragmática en los grupos insurgentes enfrentados al establecimiento institucional, no podemos desconocer la incidencia que tiene la adopción de parte de algunos gobiernos, de políticas guerreristas por mandato expreso de una potencia extranjera con fuertes intereses económicos y geopoliticos en nuestro país.  



sábado, 25 de junio de 2011

EULALIA (Texto breve)

Muchas veces, mediante artificios, he querido llegar a las cosas que amo. No ha sido, ni es mi estilo, pero la adversidad es quien impone las reglas del juego.
Todos en la cuadra saben que amo a Eulalia de manera especial; que sobrellevo con apacible cariño su sordera y que venero esos momentos en que es presa de la histeria. Tampoco miento si digo que su peculiar locura me reconforta y fue lo que obligó a pedir su mano.
Ojalá todos pudieran observar la tenue dulzura que se apodera de ella durante las crisis. Indudablemente que ella ha sido la brida a ese diablo que llevo por dentro. Pero a quienes si temo es a los cuerdos. Nunca he podido soportar el temor que infunde la neurosis de ese profesor que cree hacer respetar la clase; ni el riguroso veto de los mayores a las cándidas travesuras de los niños. Todo eso lo padecí hasta el suplicio y por eso esquivo a mis congéneres.

En cambio en Eulalia festejo con gran alborozo que nunca he visto un viso de hipocresía en sus hermosos ojos negros y esa insondable tristeza que esconde tras sus pupilas.
Innegablemente que todo eso es un signo inequívoco de calor humano. Es por eso que Eulalia ha llegado a copar tanto mi existencia, que durante un buen tiempo he vivido a su lado en las clínicas. Por ratos hemos domesticado la locura y ella sin contratiempos ha aceptado mi lucidez.

Ahora, cuando asoma un Diciembre esplendoroso, espero viajar a la capital para unirme a ella en el Hospital Mental. Ojalá haya superado la que parecía la peor de sus crisis, y así poderla sacar a pasear para que sienta ese dejo de nostalgia y alegría de una brisa socarrona y loca.

Este texto hace pertenece al libro "De Los Naufragios del Alma y Otros Infortunios"

martes, 21 de junio de 2011

EL ENFOQUE GENEALÓGICO: UNA PERSPECTIVA DESDE LO INADVERTIDO Y EL CAOS.

"El historiador no debe temer a las mezquindades,
  pues fue de mezquindad en mezquindad, de peque-
  ñez en pequeñez, que finalmente se formaron las  
  grandes cosas"
Michel Foucault; La verdad y las formas jurídicas.


Este modesto trabajo se traza como norte, reflexionar muy someramente acerca de lo que en la obra de Michel Foucault corresponde al denominado enfoque genealógico, y mas concretamente a la importancia capital que éste adquiere en función del análisis histórico; derivándose aquí una relación a la que denominaría como umbilical entre genealogía e historia.
Para esto, dividiré el trabajo temáticamente en dos puntos, a saber:
a) La genealogía: Una visión desde la procedencia. 
b) El enfoque genealógico en el sentido histórico o la historia efectiva. 


I. La Genealogía: Una génesis de la procedencia.
En el primer texto de la "Micro física del poder", conocido con el título de "Nietzsche, la genealogía y la historia", donde a la luz del pensamiento nietzscheano, Foucault despliega su análisis teórico sobre los rasgos esenciales que identifican o caracterizan a la genealogía, cobra gran relevancia y significación los agudos planteamientos del filósofo francés sobre la tarea que concierne a la genealogía, en el sentido de que "ella debe percibir la singularidad de los sucesos, fuera de toda finalidad monótona; encontrándolos allí donde menos se espera y en aquello que pasa por desapercibido por no tener nada de historia; captar su retorno, pero en absoluto para trazar la curva lenta de una evolución, sino para encontrar las diferentes escenas en las que han jugado diferentes papeles" (Michel Foucault; Nietzsche, la genealogía y la historia. Pag. 7. Editorial La Piqueta)

Si nos atenemos como referencia obligada a la cita textual arriba esbozada, indudablemente que nos iremos adentrarnos en un enfoque que ve en el devenir histórico un "proceso" caótico, informe, sujeto a las cambiantes relaciones de fuerzas ciegas que de ninguna manera obedecen a supuestos fines racionales o teleológicos; o vistos como metas en las que se han de consumar los hechos, obedeciendo a un orden lineal.
Ahora bien, nada mas ajeno a todo esto, que el enfoque genealógico; y adquiere esa característica por constituirse en la antítesis de esa visión trascendental de la historia donde aquellos hechos o sucesos rotulados como "nimios", dispersos y de poca monta al momento de explicar o dar sentido a importantes episodios o procesos en el enfoque histórico tradicional, son dejados de lado u omitidos por no encuadrarse en la continuidad o el grado de evolución  que la concepción teleológica ve en ellos su camino hacia un estadio de la civilización ya prescrito por la sacro santa razón.  

Es de gran importancia para el cometido de una cabal comprensión del pensamiento de Foucault sobre este tópico, traer a colación su aseveración en el sentido de que "la genealogía no se opone a la historia como la visión altiva y profunda del filósofo, no se opone a la mirada de topo del sabio; se opone por el contrario, al desplazamiento metahistórico de las significaciones ideales y de las indefinidas teleológicas, se opone a la búsqueda del origen. (Foucault. Pag. 8 Op. Cit).

Lo antes mencionado, nos da una idea clara de cuales son los contradictores con los que ha de vérselas en éste complejo escenario, en el cual, la genealogía desmitificará la falsa creencia de la existencia de un fundamento originario donde hallaríamos la génesis primigenia del pensamiento occidental y todo su sentido que ha obedecido a los intereses que en un determinado momento prevalezcan, pero que quieren envolverlos en el ropaje de una idea superior.

Entonces, ¿a que queremos llegar al ser tan reiterativos en lo que atañe a la característica fundamental que en el campo histórico presenta el enfoque genealógico?
A que analicemos con meridiana claridad que al quedar excluida la concepción histórica tradicional de la finalidad teolológica, derivada de una razón trascendente enmarcada también en la relación causa-efecto, lo que entonces salta a la vista de manera luminosa y sólida, es aquella concepción que cifrará en la historia, no ya una relación de sentido sino de fuerza, de luchas encarnizadas; de ascensos, de giros bruscos y súbitos.
En este sentido, sería más que pertinente traer a colación, para una mayor claridad acerca del enfoque de Foucault sobre este tópico, lo que dice el profesor Jean Paúl Margot en su excelso trabajo, "Genealogía y poder", que hace parte de la compilación: "Nietzsche, 150 años": "El enfoque genealógico es, pues, ante todo una forma de historia entendida ya no como relación de sentido sino como relación de poder, una historia donde las fuerzas que están en juego aparecen sobre el horizonte siempre aleatorio y singular del acontecimiento" (Jean Paúl Margot, "Genealogía y Poder" Pag. 216-217, en "Nietzsche 150 años. Compilación. Univalle).

A estas alturas, en este modesto trabajo, creo, ha llegado el momento de hacernos el siguiente interrogante: ¿En qué fuentes bebió realmente Foucault antes de echar a andar en el campo de la historia su enfoque genealógico?
Para una respuesta más certera, me apoyaré textualmente en lo que dice el profesor Luis Antonio Restrepo en el texto: Michel Foucault y la historia", inserto en el libro "Pensar la historia", del mismo autor. Pero veamos lo que dice: "él, (Foucault), no hace historia tradicional, pero tampoco pretende haber sacado de la nada su concepción, fue precedido por pensadores que cuestionaron la historia tradicional: Nietzsche, Marx, Bachelard, Canguilhem. Hace referencia a la historia tal como lo hace F. Braudel, remitiendo así a la escuela de Anales, fundada por Lucien Febvre y Marc Bloch" (Luis Antonio Restrepo; Pensar la historia". Pag. 179. Editorial Percepción. Medellin)
Pero más adelante, el mismo autor llega aún más lejos al anotar: "Sin duda, la tesis de Foucault no es fácil de asimilar por aquellos que siguen prisioneros de una forma de pensar la historia desde la perspectiva de la evolución, la linealidad y la conciencia. Marx y Nietzsche. Cada uno por su propio camino cuestionaron irreversiblemente la soberanía de la conciencia (la subjetividad constituyente) en el ámbito de la historia. Para Foucault, fue Nietzsche el que se atrevió a llegar más lejos en este cuestionario" (Ibidem, pag. 182).

Es así como podemos ver según Foucault, que fue la genealogía nietzscheana la que removió, hurgó y puso de manifiesto, develando en las pequeñas cosas que otros no habían advertido, facetas desconocidas o historias ocultas que sustentan la irrupción o emergencia de fenómenos o episodios significativos en la historia.
Ahora, ¿por qué Foucault no podía estar de acuerdo con el enfoque que sobre la historia tenía Marx?
Si bien es cierto que Marx concebía la lucha de clases, la oposición de los contrarios; lo mismo que el papel de la fuerza y la violencia en los cambios durante el proceso histórico, éste asignaba un papel fundamental y casi en absoluto determinante a la base económica; de lo cual, como corolario, derivaba casi todo lo demás.
Según Foucault, aquí se estaría llevando nuevamente el enfoque histórico al punto o a la concepción metafísica. Lo mismo podríamos decir de la clasificación del devenir histórico en estadios mas o menos fijos con idénticas características de este espacio temporal y definir al socialismo y el comunismo como los estadios absolutos a los que tiende el género humano.
Acaso no da la razón a este enfoque genealógico lo que se ha patentizado con el derrumbamiento del campo socialista como es el resurgimiento de encarnizados conflictos de tinte nacionalista, étnicos y religiosos y de otros grandes segmentos de población que reivindican distintas opciones de vida buena?
O será que "el verdadero sentido histórico reconoce que vivimos, sin referencias ni coordenadas originarias, en miríadas de sucesos perdidos" (Foucault; Nietzsche, la genealogía y la historia. Pag. 21).
Aquí nunca encontraremos un origen predeterminado, ni en lo histórico unas metas o estadios fijados de antemano por esa conciencia legisladora.

II. El enfoque genealógico en "el sentido histórico" o "la historia efectiva.
En la perspectiva nietzscheana, Foucault da capital importancia a la denominada "Wirkliche historie" (historia efectiva) o el "sentido histórico", como forma de sustraerlo del punto de vista suprahistórico o matafísico. Aquí se reintroduce en el devenir histórico cotidiano, todo aquello que se consideraba inmortal en el hombre.
Esta óptica nos colocará desde un ángulo privilegiado o una perspectiva desde la cual el hombre se concebirá como el producto de una lucha constante, de fuerzas cruzadas y donde muy difícilmente podremos reconocernos como una identidad indisoluble; mostrándonos en ella un aparente origen único.
Esta misma concepción del sujeto, se hace extensiva en otro plano a los diversos sucesos y episodios dispersos y discontinuos a los que la historia tradicional con frecuencia omite o mira de soslayo por no encajar en el ciclo ordenado de los grandes fines o metas.

En una palabra, según Foucault, "la historia efectiva, por el contrario, mira mas cerca -sobre el cuerpo, el sistema nervioso, los alimentos, la digestión, las energías- revuelve en las decadencias; y si afronta las viejas épocas, es con la sospecha no rencorosa sino divertida, de un ronroneo bárbaro e inconfesable" (Foucault. Op. Cit. Pag. 21)  

Es fundamental tener en cuenta también que Foucault muestra como Nietzsche opuso a la historia tradicional la historia efectiva o sentido histórico: "El sentido histórico tiene tres usos que se oponen término a término a las tres modalidades platónicas de hacer historia. Una es el uso paródico y destructor de la realidad que se opone al tema de la historia reminiscencia o reconocimiento; el otro es el disociativo y destructor de verdad que se opone a la historia-continuidad; el tercero es el uso sacrifical y destructor de verdad que se opone a la historia-conocimiento" (Op. Cit. Pag. 25)

En Foucault encontramos en contraposición a esa concepción teleológica y tradicional, la noción de ruptura, de discontinuidad que se sustrae a la pretendida homogenización de características mas o menos fijas e inmutables y peculiares de cada época; que es a lo que él denominó una historia global, cuyas limitaciones se hacían evidentes al tratar de explicar la la simultaneidad de episodios o sucesos.
Pero dejemos que sea el propio filósofo francés quien en la introducción de su obra "La Arqueología del Saber", nos ilustre en qué consisten estos dos enfoques: "el proyecto de una historia global, es el que trata de restituir la forma de conjunto de una civilización, el principio material o espiritual de una sociedad, la significación común a todos los fenómenos de un período, la ley que cuenta de su cohesión, lo que se llama metafóricamente el "rostro de la época" (Foucault; La Arqueología del Saber". Pag. 15. Ed. SigloXXI)

Aquí encontramos esa visión metafísica por excelencia, en la cual los llamados espacios, lapsos o períodos históricos condicionan mecánicamente la totalidad de episodios y acontecimientos circunscritos a esa especificidad espacio-temporal con características propias de ese estado de evolución histórica.
A esta concepción metafísica le es totalmente ajena la idea de ruptura, discontinuidad en el sentido de singularidades dislocadoras que rompen la esquematización tradicional de causa-efecto que es prototipica de esa visión que pretende articular la historia en grandes unidades.
Ante esta limitación de la historia global, Foucault plantea la posibilidad de una historia general que atribuya la importancia y el sentido a toda esa diversidad de hechos y sucesos, desfaces, cortes abruptos y en contravía que la historia tradicional ha echado a un lado.

Pero el problema que se plantea a esta historia general que desplegaría el espacio de la dispersión, sería el de establecer la forma de relación legítimamente descrita entre lo heterogéneo de todas estas singularidades; qué sistema vertical son capaces de formar; y cual es, de unas a otras, el juego de las correlaciones y de las dominantes" (Ibidem, Pag. 16)

Ponencia presentada al profesor Jean Paúl Margot en el seminario sobre Foucault, durante la maestría en Etica y filosofía Política, mediante el convenio Univalle y Uninorte. 1997. Barranquilla





 
  



domingo, 19 de junio de 2011

HUMANIZAR LA GUERRA O INSTAURAR LA PAZ: A PROPÓSITO DE LA CONSTRUCCIÓN DE UN NUEVO PACTO FUNDADO EN UNA PAZ POSITIVA COMO GARANTÍA REAL Y EFECTIVA DE CONVIVENCIA PACIFICA

1. Introito. Resulta a todas luces evidente y algo incontrovertible que el actual estancamiento que presenta el conflicto armado interno caracterizado por la violencia generalizada contra la población civil y acciones de un alto grado de sevicia y degradación en las acciones de los bandos contendientes, se retroalimenta permanentemente en el mutuo proceso de desligitimación, lo cual ha dado cabida a que el Estado, asumiendo marcados ribetes autoritarios, se abrogue el derecho a emprender una guerra de exterminio contra quien considera como un enemigo ilegitimo; y a la guerrilla, a emplear una violencia de respuesta contra un 'establecimiento' al que no le atribuye legitimidad alguna, ante lo cual se yergue como un imperativo la humanización de la contienda armada mediante el control ético de la misma e impida la barbarie, contribuyendo de esta manera a que se genere un clima de confianza que facilite un acercamiento de las partes enfrentadas que permita la apertura de espacios que sienten las bases de un futuro acercamiento y así se inicie un proceso de paz.

Pero cabría preguntarnos, ¿es esto suficiente por sí sólo para alcanzar una paz estable u duradera?  Creo que no, sino va acompañado por la instauración a traves de acuerdos y consensos de un pacto que permita sentar las bases que le devuelvan al Estado una auténtica legitimidad mediante el reconocimiento real y eficaz de los derechos fundamentales a través de la implementación desde el orden legislativo de políticas de alto contenido de justicia social y la salvaguarda de un espacio público de amplio espectro democrático desde el cual los ciudadanos mediante procesos deliberativos puedan dirimir sus controversias políticas e ideológicas.

2. Desarrollo. 
Desde mediados de la centuria pasada, en nuestro país, desafortunadamente el conflicto entre sectores que oponen sus visiones sobre el papel del Estado y las políticas a seguir, se ha tornado en un enfrentamiento armado que ha traído como consecuencia una violencia caracterizada por la degradación y los más despiadados actos de sevicia, por parte de la guerrilla así como de las fuerzas armadas del Estado y del llamado para-militarismo, amparado hoy bajo el rótulo de bandas criminales(Bacrim).
Actualmente, este estado de cosas, presenta como denominador común un marcado énfasis en la renuencia por parte del Estado a ver a los integrantes de la guerrilla como sujetos de derechos con un estatus político que legitime su accionar sino como a terroristas equiparados a la categoría de enemigos internos, derivando esto en la criminalización de la guerra como mecanismo expedito que permita emprender una guerra de exterminio(bellum punitivum) que logre someterlos militarmente y así restablecer el 'orden' y la paz.

De lo arriba expuesto, resulta a todas luces evidente su emparentamiento, tomando como referente la concepción schmittiana, con una especie de declaración de hostis, "esto es en la definición del enemigo interno, su expulsión de la comunidad de paz y la definición de medidas para su enfrentamiento, a fin de lograr la pacificación del territorio y el mantenimiento de la paz, la seguridad y el orden" (Mejía Quintana Oscar, Estado autoritario y democracia radical en América latina. Elementos para un marco de interpretación teórica. pag. 5)
Concebir la política bajo los derroteros de la concepción anteriormente analizada, nos conducirá fácilmente a instaurar un Estado fundado, además de las relaciones de poder, en el fraude, el despotismo y la arbitrariedad con tal de garantizar su supervivencia y seguridad. La supremacía de las razones de Estado y su defensa, avalarían incluso, actos y conductas inmorales; plasmadas en los procedimientos más crueles y reprobables con tal de preservar 'el orden' y el establecimiento institucional.
Sin temor a equivoco alguno podemos aseverar que lo anterior se fundamenta en la omisión o el desconocimiento de la necesidad de una valoración ética de la política y por ende de la guerra, lo cual nos llevaría inevitablemente al más descarado belicismo que de una u otra manera estimularía el advenimiento de una desbocada espiral de violencia signada por la descomposición y la barbarie, haciendo más intensos los odios y clausurando cualquier intento de crear puentes de comunicación entre los bandos en contienda, haciendo más remoto el advenimiento de la paz, con las más nefastas consecuencias tanto para los combatientes como para la población civil ajena a la confrontación armada.

Lo inconcebible de la anterior concepción, radica en creer que la profundización del conflicto a cualquier costo y sin reparo alguno en normas éticas, evitaría su prolongación en el tiempo y entraríamos en una solución rápida del mismo, ya que según ésta lógica, una victoria militar aplastante e inobjetable, dejaría al enemigo en la obligación de someterse a las condiciones impuestas por el vencedor y supuestamente esto daría paso al advenimiento de una paz estable.
En este orden de ideas, se hace necesario no pasar por alto que llegado el caso de emprender una guerra con el argumento de combatir estados injustos de dominación despótica donde se violen de manera flagrante los derechos fundamentales y con ellos valores esenciales como la autonomía y la dignidad humana, desde ningún punto de vista esto daría pie para echar mano de toda clase de medios o acciones con tal de justificar esos fines.
Aquí sería pertinente traer a colación la preocupación que en su tiempo asistía a Alberico Gentili, quien en su obra Comentario de jure belli, se preguntaba "si lo que le confería el carácter de justo a una confrontación bélica habría de buscarse en la causa o mas bien en los medios y métodos de lucha" (Del Vecchio Giorgio, El Derecho Internacional y la paz. Pag. 102. Bosch. Barcelona 1959).

Después de analizar los aspectos anteriormente expuestos, se hacen evidentes los problemas de concepciones que justifican el papel instrumental de la violencia en su relación con lo político como bien lo expresa Ana Arendt, en el sentido de la necesidad de la violencia como algo connatural al ejercicio del poder para poder sostenerse. Pero veamos textualmente lo que dice: "el poder debe sostenerse siempre en una marea obscena de violencia, el espacio político nunca es puro sino que presupone cierta disposición de confianza en la violencia pre política" ( Slavoj Zizek, La violencia como síntoma en la suspensión política de la ética, Pag. 169-217 Buenos Aires. Tomado de Mejía Quintana Op. Cit. Pag.).
Ahora bien, no hay que olvidar que en la guerra no se puede refrendar la entronización de la sevicia y el terror, sino que prima la exigencia de "que esta practica peculiar de la interacción humana se amolde a una idea superior de humanidad, que abarca los ideales mas elevados de civilización, convivencia y solidaridad. La humanidad funciona en este caso como ideal prescriptivo, más que como una noción descriptiva" (Papacchini Angelo, Los Derechos Humanos, Un Desafío a la Violencia. Pag. 388.Editorial Altamir. Bogotá)

Nadie pondría en duda la importancia que tiene la humanización de la guerra, sustentada en el reconocimiento del otro y la mutua aceptación como sujetos portadores de derechos aun en medio de la confrontación armada como estrategia de paz válida que permita una solución política al conflicto armado en nuestro país.
Podría terminar diciendo que en las actuales condiciones por las que atraviesa el país, es un equívoco plantear la humanización de la guerra y la instauración de la paz como conceptos antinómicos en el sentido de creer que son excluyentes entre sí, ya que la puesta en práctica de la primera,  prepara el advenimiento de
 la segunda.  


 

sábado, 18 de junio de 2011

LA LEY DE JUSTICIA Y PAZ: UN INTENTO DE APROXIMACIÓN DESDE LA CONCEPCIÓN HOBBESIANA DEL ESTADO Y LA PAZ.

AUTORES:  lic. MANUEL DONADO, Dr.DANIEL BENAVIDES  Dr.CARLOS GUTIERREZ.
Apartes de la ponencia presentada al Doctor Oscar Mejía Quintana en la Maestría Filosofía del Derecho de la Universidad Libre de Colombia. Bogotá. 2010.


La existencia de una situación de agresiones y violencia generalizada entre grupos de poder, que ha desdibujado al Estado en su función esencial como garante de la vida, la seguridad y el bienestar de los ciudadanos, haciéndolo entrar en ésta dinámica perversa de enfrentamiento y confrontación en su intento por deslegitimar y descalificar a sus contendientes y arrogarse él la verdadera y auténtica legitimidad.
Ante esta situación, se yergue como un imperativo, la instauración de un pacto como dispositivo expedito desde el cual se estructuren acuerdos o consensos entre los implicados en el conflicto armado interno y otros sectores de la sociedad que permitan sentar las bases que le devuelvan al Estado una auténtica legitimidad al garantizarle a sus asociados la vida, la paz y el bienestar, así como la salvaguarda de un espacio público desde el cual los ciudadanos puedan dirimir sus controversias políticas e ideológicas sin necesidad de recurrir  al recurso de las armas y el terror.

Teniendo en cuenta el tenor de las ideas arriba expuestas, se hace pertinente preguntarnos: ¿garantiza efectivamente el Estado colombiano a través de la Ley de justicia, la vida, el bienestar y paz de los colombianos?

Es indudable que en el modelo hobbesiano, debemos partir del hecho de la necesidad de un Estado o poder común que es quien monopoliza el uso de la violencia y debe garantizar la paz, la seguridad y el bienestar de los ciudadanos. En efecto, el estado de naturaleza en la teoría contractualista hobbesiana se caracteriza por un enfrentamiento de todos contra todos. En esta situación, como no existe nada que sea justo o injusto, ilegitimo o legitimo, según Hobbes, todo el que en ésta posición se adjudique la bondad total, en contra de la maldad de los otros mediante su satanización, contribuye a la intensificación del conflicto. El pacto significa principalmente el reconocimiento del poder coactivo del Estado como el único legítimo y puede también significar, como consecuencia, la inauguración de un proceso en el cual los pactos y no la violencia sean el signo de las relaciones humanas en el ámbito público a través de la instauración de un orden.

Cuando Hobbes apunta a lo que es el Estado, lo ve con un poder tal que es capaz de mantener la paz y brindar seguridad, pero la gestación de ese poder, su legitimidad, es el consenso producido por el pacto. La seguridad no está en que la amenaza de coacción sea tal que a todos los atemorice y disuada de la guerra, sino, además, en el convencimiento de los mismos actores enfrentados de que es inútil la guerra y que esa dinámica continuará si se sigue con la pretensión de que la legitimidad se consigue por la imposición de ésta última a todos los demás y se reconoce por consiguiente a la fuerza del Estado como la única legítima.
Entonces, como según esta concepción el Estado recibió el mandato de buscar la paz, la seguridad y el bienestar de los asociados, debe utilizar todos los medios que estime pertinentes, sin limitación alguna, para la consecución de dichos fines, ya que son parte sustancial de su esencia.

En todo este orden de ideas, y para una mayor comprensión del norte hacia el cual apunta este breve esbozo, se hace necesario tener presente que el derecho de naturaleza -jus naturale- es la libertad que cada hombre "tiene de usar su propio poder como quiera, para la conservación de su propia naturaleza, es decir, de su propia vida" y para ello puede "hacer todo aquello que su propio juicio y razón considere como los medios más aptos para lograr ese fin".  De modo que "mientras persiste ese derecho natural de cada uno con respecto a todas las cosas, no puede haber seguridad para nadie" y de ahí surge la primera ley fundamental de la naturaleza que se enuncia así: "cada hombre debe esforzarse por la paz, mientras tiene la esperanza de lograrla; y cuando no puede obtenerla, debe buscar y utilizar todas las ayudas y ventajas de la guerra". Ley de la cual es primera fase y también ley fundamental de la naturaleza, el "buscar la paz y seguirla". Pero allí no se queda Hobbes, sino que para seguir esa ley esa ley fundamental es necesario que "uno acceda, si los demás consienten también, y mientras se considere necesario para la paz y defensa de si mismo, a renunciar a ese derecho, a todas las cosas, a satisfacerse con la misma libertad frente a los demás hombres y que le sea concedida a los demás con respecto a él mismo" (Hobbes, Leviatán. Pag 106-107 Traducción Manuel Sánchez Sarto. F.C.E. México 2006)

 De allí que que el filósofo inglés defina al Estado como "una persona de cuyos actos una gran multitud, por pactos mutuos, realizados entre sí, ha sido instituida por cada uno como autor, al objeto que puede utilizar la fortaleza y medios de todos, como lo juzgue oportuno, para asegurar la paz y la defensa común" (Ibid pag.141). Es decir, que el Estado debe utilizar todos los medios que juzgue oportunos para garantizar la paz y la defensa común.
Ahora bien, dichos fines pueden alcanzarse por dos medios o conductos: uno por la fuerza natural, como cuando un hambre hace que sus hijos y los hijos de sus hijos le estén sometidos, siendo capaz de destruirlos si se niegan a ello; o que por actos de guerra someta a sus enemigos a su voluntad, concediéndoles la vida a cambio de esa sumisión", y, el otro,  "cuando los hombres se ponen de acuerdo entre sí para someterse a algún hombre o asamblea de hombres voluntariamente,  en la confianza de ser protegidos por ellos contra todos los demás" (Ibidem. Pag. 141)
El fin del Estado "es la paz y la defensa de todos, y como quien tiene derecho al fin lo tiene tambien a los medios", también tiene el derecho a juzgar acerca de los obstáculos e impedimentos que se oponen a los mismos, así como a hacer cualquier cosa que considere necesaria para conservar la paz y la seguridad"(Ibidem. Pag. 145)

Al momento de entrar a cotejar nuestra realidad, en Colombia, la Ley 975 de 2005 tiene como objeto "facilitar los procesos de paz y la reincorporación individual o colectiva a la vida civil de miembros de grupos armados al margen de la ley, garantizando los derechos de las victimas a la verdad, la justicia y la reparación". Con ese propósito, entre ortos aspectos, se reguló lo "concerniente a la investigación, procesamiento, sanción y beneficios judiciales de las personas vinculadas a grupos armados organizados al margen de la ley, como autores o participes de hechos delictivos cometidos durante y con ocasión de la pertinencia a esos grupos, que hubieren decidido desmovilizarse y contribuir decisivamente a la reconciliación nacional".
Con el anterior fin, entre otros beneficios se estableció que "En caso que el condenado haya cumplido las condiciones previstas en esta ley, la sala -juez de conocimiento- le pondrá una pena alternativa que consiste en privación de la libertad por un periodo mínimo de cinco (5) años y no superior a ocho(8) años, tasada de acuerdo con la gravedad de los delitos y su colaboración efectiva en el esclarecimiento de los mismos".
Teniendo en cuenta que las penas que deben imponerse a quienes sean beneficiarios de la Ley de Justicia y Paz, resultan notoria y sustancialmente bajas respecto de las penas de los delitos comunes, que incluso sobrepasan los 30 años de prisión como ocurre con los delitos de homicidio, secuestro, entre otros, consignados en el código penal, ya que redujo considerablemente las penas a quienes sean sujetos de tal ley, quienes sin duda han cometido los delitos más atroces en el país (genocidios, secuestros de toda magnitud, homicidios con todos los agravantes, desplazamientos, torturas, hurtos con todos los agravantes  y violaciones) y pese a ello las penas que se le impondrían resultan significativamente bajas con respecto a uno cualquiera de tales delitos.

Aquí queda a todas luces evidenciado, que en consecuencia el Estado tiene el poder de configuración legislativa (precisar lo que es justo e injusto, así como lo que es legítimo e ilegitimo), que sin duda, conforme a Hobbes, constituye una herramienta que debe utilizar el Estado para garantizar sus fines esenciales: conservar la paz y la defensa de todos. De modo que no existe límite al respecto porque puede acudir a actos de fuerza, tomar vidas o establecer pactos entre los hombres, y justamente fue a lo que acudió el Estado colombiano en la Ley de Justicia y Paz, donde rompió con varios de los principios del Derecho Penal como el de la proporcionalidad de la pena respecto del delito y el de igualdad de los ciudadanos frente a la ley penal.
En este orden de ideas, es preciso recalcar que en la concepción hobbesiana el cumplimiento del pacto es una "regla de la razón en virtud de la cual se nos prohíbe hacer cualquier cosa susceptible de destruir nuestra vida: es, por lo tanto, una ley de naturaleza". De donde nace, entre otras leyes de la naturaleza, que "cada uno se esfuerce por acomodarse a los demás"; "que, dando garantía del tiempo futuro, deben ser perdonadas las ofensas pasadas de quienes, arrepintiéndose, deseen ser perdonados", y que "los hombres no consideren la magnitud del mal pasado sino la grandeza del bien venidero." De lo anterior se infiere que de las leyes de la naturaleza se impone la paz como medio de conservación de nuestros congéneres.

Sin temor a equivoco alguno, podemos aseverar que el propósito de la Ley de Justicia y Paz es lograr la desmovilización de los grupos armados al margen de la ley, llámese guerrilla o de autodefensa, o una parte significativa e integral de los mismos como bloques, frentes u otras modalidades de esas mismas organizaciones..", es decir, que busca que dichos grupos dejen las armas; y no continúen como actores del conflicto armado y, por tanto, es un camino para lograr la paz. Pero también busca un resarcimiento patrimonial de las victimas y lograr la verdad, con lo cual, por otro lado se busca una reconciliación entre victimarios y victimas, para evitar que èstas asuman la justicia por su propia mano y se recrudezca el conflicto armado. De modo que los propósitos de la Ley de Justicia y Paz sin duda están orientados a lograr los fines esenciales del Estado según Hobbes y por tanto no existen límites a los medios que utilizó con esa finalidad. Además, como se busca que los actos delictivos pasados no sean juzgados a menos que el desmovilizado no informe de tales eventos, casos en el cual tales "conductas serán investigadas y juzgadas por las autoridades competentes y las leyes vigentes al momento de la comisión de esas conductas", conforme al artículo 25 de la ley referida.

BALANCE CRÍTICO Y CONCLUSIÓN.
La teoría de los fines del Estado en Hobbes: paz y seguridad para todos, se aplicó en la Ley de Justicia y Paz por cuanto el Estado colombiano rompió sin contemplación alguna y al más alto precio, con principios básicos del Derecho Penal para favorecer la desmovilización de grupos armados al margen de la ley con el propósito de lograr la paz.