sábado, 20 de abril de 2019

ÉXTASIS

Por: Manuel Donado Solano

Ahora aquí, en torno a las hilachas del persistente y desueto recuerdo de viejos amores mercenarios y algunas empresas fallidas que en el trasegar de los últimos años siempre irrumpe en medio del crepúsculo de la tarde solariega y el incontenible alboroto de los colegiales tras escuchar el timbre anunciando el final de la jornada escolar; asumiendo ese éxtasis como el mas rotundo triunfo del rosagante ímpetu y la juvenil alegría sobre el tedio y la monotonía.
Es la vida misma encarnada en aquellos pocos azulejos raudos y victoriosos en su alegre viaje a la copa de los enormes y centenarios frutales que bordean el río.

martes, 12 de febrero de 2019

SONORIDAD

Por: Manuel Donado Solano

Ahora, un tanto atolondrado, y siempre en torno a esa ridícula espera que se contonea en medio del eterno vaivén en el crepúsculo al final de la tarde; sopesando el vértigo que produce el infinito vacío de los tiempos idos; trémulo ante toda esta hojarasca de recuerdos marchitos y niebla en los ojos que ni siquiera inmutan ese eco protagonico y sonoro que traen las brisas dando cuenta de los primeros ensayos de los cumbiamberos anunciando otro carnaval.

domingo, 27 de enero de 2019

ALISIOS

Por: Manuel Donado Solano

Para cuando aparezca nuevamente aquella nostalgia de mirada huidiza y susurros de moribundo de otro mundo, probablemente las refrescantes brisas se arremolinen en los últimos resquicios de los escombros de una ciudad sin nombre donde el incierto rocío en las noches de plenilunio, posiblemente atemperen la palaciega angustia venida de otros ámbitos.

Después de los pobres balances y los saldos en rojo, atisbo de reojo los nuevos sueños y doy nuevamente la bienvenida a mis incertidumbres, horadadas casi siempre por esta época del año, alrededor de los fuertes vientos, mientras miro de soslayo los mismos rostros, ahora más envejecidos y menos presurosos, en la eterna rutina hacia la oficina donde ahora garabateo estas líneas.

sábado, 24 de noviembre de 2018

UNA EPILEONTINA
Por. Manuel Donado Solano

Éste epíteto, lóbrego y solaz, como el callado rescoldo que ahora insinúa la tarde solariega, insufla en el nuevo texto un tono de equilibrio y de parco desengaño. 

Aquí, la sobria adjetivación destila una tersa luminosidad sobre la acción trémula e incipiente o ante ese ente gris y entreverado,  rara vez ruidoso o deslumbrante.

A su lado no tiene cabida lo truculento ni ese estilo afectado propio de lo postizo y del impostor que siempre busca seducir con proverbial cinismo a los lectores de última moda.

Ahora, cuando aquel profesor con ínfulas de gramático o el editor de algún tabloide, roido por el extenuante ejercicio periodístico, deciden encargarlo al momento de confeccionar la más cruel invectiva en algún libelo, huye  despavorido hacia la sutil y reconfortante heredad de Stefan Zwig o Guy de Maupassant a recrearse ante tanto recato y decoro estilístico en sus obras memorables.

Es el raro y exquisito privilegio de un vocablo gravitando permanentemente en el exclusivo ámbito de esa excelsa creación reservada a las mas finas sensibilidades a través de la palabra; ornamento prodigioso para dar vida a las más sublimes obras de la vida y las letras.

martes, 13 de noviembre de 2018

UNA DIGRESIÓN BIEN CURSI

Manuel donado solano


Ahora, cuando todavía resuena el eco de aquellas palabras pronunciadas durante la clausura de aquel legendario curso de Humanidades sin mayores aspavientos ni grandes pretensiones académicas o teóricas, nadie pudo notar la ausencia de la agraciada y frágil muchacha de sandalias de cuero y  mochila de peluche contándonos diariamente las peripecias de su escabrosa travesía desde aquél poblado enclavado en la falda de la imponente Sierra hasta aquellos rústicos bodegones como fiel remedo de ciudadela universitaria.

Desde ahora trato de imaginar qué pudo sumirla en ese raro mutismo y esa actitud huidiza hacia sus congéneres sin motivo alguno, así como su negativa a asistir a este gratificante evento de clausura; acaso sería la mala asimilación de algunas lecturas de tipo existencialista, sumado a una crisis de identidad afianzadas con aquellos truculentos recuentos de anécdotas y de digresiones sin cuento, sabiamente fabuladas por aquel profesor de Ontología del Arte, siempre ataviado con ese aspecto un tanto desgarbado y estrujado por el paso de los años y las interminables lecturas durante los prolongados insomnios?  

Después de incontables vueltas sobre el extraño insuceso, pienso que ese ha podido ser el letal y cruel impacto en la frágil y tierna sensibilidad de ese adorable ser que seguramente se tomó demasiado en serio las grandes dudas y las inconmensurables angustias de ese saludable pesimismo que por lo general acompañan el quehacer de los grandes Filósofos en la titánica y dolorosa tarea del pensar; o tal vez no supo guardar distancia, resguardando su sensibilidad de poeta, de aquel mundo de ideas en apariencia deslumbrantes pero atascadas en los arquetipos de la mas fría racionalidad.

 Ahora, con la llegada de este nuevo día que desde ya augura un Diciembre nada esplendoroso, en el horizonte se logran vislumbrar, con los primeros rayos del sol, unos picos invictos y solitarios que en la lejanía, amenazan con besar cielo limpio y diáfano, opacado durante largos lapsos de tiempo, por la lenta avanzada de espesos y fugitivos cúmulos de nubes.

Lo más seguro es que a esta hora, todavía esté tratando de reponerse de alguno de sus ancestrales insomnios en los que nunca faltan esas desaforadas lecturas o aupada en profundas y sordas elucubraciones sobre la maligna causalidad de aquella famosa maldición proferida sin remordimiento alguno por el rabino de la sinagoga sobre la vida del noble y el culto Baruch de Spinoza y el inédito peso existencial de esa soledad impuesta por un exegeta ignaro y rencoroso. 

Desde ahora hago votos para que deje para mas adelante esas especulaciónes por las que siempre, durante las clases del seminario, tanto se apasionó, y retome aquel análisis comparativo donde describía magistralmente esa celestial conexión existencial entre la Canción de la vida profunda, como soporte de la doble finitud de la alegría y el dolor, y el testimonio de los cantores de su sabia estirpe, como ese ansiado proyecto de tesis del que siempre nos habló.

martes, 23 de octubre de 2018

TRIBULACIÓN II

Por: Manuel Donado Solano

Dentro de poco, todo no será más que un amasijo de ese cúmulo de sueños frustrados y de muy pocos buenos recuerdos.

De aquellas famosas audiencias en ese edificio bordeado por escaleras en forma de espiral, sólo quedará en tu desvencijada  oficina, aquél diploma mohoso y descolorido donde apenas alcanza a divisarse tu nombre escrito en una caligrafía retorcida y gótica, y a espacio seguido, el reconocimiento que hace una Universidad distante y paramuna al ejercicio de un litigio legitimado mas por la mecánica de los años de ejercicio que por el estudio y la precaria memorización de los soporíferos códigos.

Ni siquiera sentirás el inusitado interés de otros tiempos por revisar la última correspondencia, y sólo mirarás con algo de tedio y displicencia la maraña de folios donde reposan las demandas y tutelas interpuestas con notable estilo y esmero ante los juzgados de turno.

En medio de la abulia y algunos bostezos, volverás a releer las últimas sentencias de la corte Constitucional mientras sostienes el pesado tomo sobre tu regazo y te vuelves a acomodar detrás del viejo escritorio de roble apolillado.

lunes, 15 de octubre de 2018

ATARDECER

Por: Manuel Donado Solano

Este verso florido, estampado con sobrio deleite frente a la inmensidad de tu olvido, sobrevive, y reina con todo su esplendor en la añoranza de aquellos fugaces encuentros empapados de humedad bajo el alero del zaguán; siempre al amparo de esa tristeza que sobreviene al final de las puntuales lluvias en cualquier tarde de octubre.

Es el introito a esa extraña premonición que siempre ha de acompañarme mientras espero en la espaciosa caseta de rejillas metálicas al articulado del transporte público cada vez mas presuroso y atestado.

Repaso con cierta fruición tus ademanes y aquella mueca de cansancio que engloba tu rostro al abandonar la oficina al final de la tarde.

Es el eterno ritual de una vida que por momentos, inmisericordemente, sientes  con gran desaliento como se te escapa  en el ocaso de cada crepúsculo.